Seguramente me pase a mi solo, empezó hace poco y lamento pensar que no tiene vuelta atrás. Es como un sensor que se instaló en mi cerebro. Y cada vez que surge un tipo de comportamiento social, suena en mi cabeza una alarma. La palabra que lo activa es, yo.

Bueno, voy a lo que iba porque sino hablando de mi me parezco a ellos. De los que quiero hablar. En realidad voy a hablar de la mayoría, algo que me deja tranquilo porque no estaría discriminando.

La cosa es así… en cualquier reunión social que esté, los escucho hablar y me doy cuenta que es a ustedes mismos a los que en realidad escuchan. Bueno, técnicamente, sí se escuchan, pero hasta por ahí nomás. Se escuchan, pero para interrumpir. Escuchan al que habla y en paralelo conversan con ustedes mismos. Van trazando el paralelo del relato ajeno aplicado a sus vidas. Y casi sin dejar de terminar de hablar interrumpen con un «porque yo…»

¿Se dieron cuenta de lo que hablo? ¿Les pasa? Les estoy pidiendo justamente lo que más les gusta. Hablar de ustedes.

Tal vez está un poco difícil, puede pasar. Voy a ser un poco más explicito. Un profesor decía que los ejemplos no son argumentos, pero en este caso, creo que del ejemplo se desprende el argumento.

María está en una reunión. María o cualquier otra persona. Podés ser vos, Juan. Y no por ustedes en particular, no se sientan excluidas las Paulas, Jorges, Carlos, Martas, Martines y todos los demás. Entonces, María está en una reunión. Muy entusiasmada cuenta que no puede irse a dormir sin antes tomarse una taza de té. Ver en televisión algún programa de política, odia las series. Y cuando está por irse a dormir, fuma un cigarrillo, se lava los dientes y se acuesta con alguna novela corta en sus manos. Hasta acá, todo normal. Eso debería poder contarlo de principio a fin con la audiencia en silencio y prestando atención a los detalles. Ahora bien… resulta que en esa misma reunión, y acá aparecen las Paulas y los Jorges, se van a encargar de interrumpirla por cada detalle que cuenta de su rutina, para poder ellos contar… Paula que no le gusta el café. Jorge dirá que no se banca a los panelistas de programas políticos. Carlos muy en contra de María sostendrá que lo mejor es ver televisión en la cama. Nos vamos a enterar que a Marta no le gusta leer de noche porque a esa hora «está muerta». Martín fuma, pero otro tipo de planta que lo ayuda a conciliar el sueño y para terminar de destruir el relato de María, Juan nos contará de una nueva serie que está viendo y en ese momento nos enteraremos de la serie que está «maratoneando» cada uno de los presentes, pero a medias, porque nadie escucha anadie y nadie va a ver la serie que le recomienda nadie.

Tomo nota mental de alguna de las series que parecen interesantes, pienso que para el próximo cumpleaños, a María le podría regalar un libro y espero a que llegue la torta y cada uno cuente su relación con los postres y las harinas. Quiénes prefieren lo dulce sobre lo salado, los que empezaron el gimnasio, los que doblan la apuesta sugiriendo alguna medicina oriental y los que aseguran ser felices con unos kilos demás.